Vuelve el mejor Simmons con una estupenda obra basada en hechos reales, pero que arrastra los mismos defectos que este autor suele acusar.
Si bien no está a la altura de sus majestades Los Cantos de Hyperion, podemos situarlo sobre el El Bisturí de Darwin y muy cerca de Ilión/Olimpo.
Publicado en España en 2008 y un año antes en su versión original en inglés, este libro narra el viaje de una expedición inglesa al círculo polar ártico a finales del s.XIX. Pero por supuesto, y como siempre en la narrativa de Simmons, nada es tan simple.
El HMS Terror y el HMS Erebus se acercan a su punto de no retorno en la expedición, sabiendo que les esperan duros inviernos atrapados en la brutal hostilidad del hielo polar hasta que puedan volver a ponerse en marcha en primavera. Francis Rawdon Moira Crozier capitanea el Terror, es un irlandés de mediana edad, firme y perspicaz, pero dependiente de su reserva de whisky; Sir John Franklin capitanea el Erebus, con casi 60 años y un temperamento muy ablandado, muchos creen que él tenga poco más que el mando honorífico de la expedición. 124 hombres más participan en el viaje, y lo cierto es que al menos la mitad van a tener nombre, apellidos y un papel importante que desempeñar.
Atrapados en “un suelo”, que cruje, estalla y se convulsiona con el mar debajo, la tripulación no tiene otro remedio que dejar pasar el tiempo a unas heladoras temperaturas de -50ºC. No se hacen esperar las primeras muertes por enfermedad, escorbuto o pulmonía, pero lo que realmente preocupa a los hombres es la aparición de una extraña esquimal a la que han arrancado la lengua y que bautizarán como Lady Silenciosa, y los rumores crecientes de que ahí fuera hay algo. Un depredador más grande, mas fuerte y más inteligente que cualquier bestia que el hombre haya conocido. Lo llaman “el Terror”.
Trabajando con mapas incompletos, tatando de cartografiar territorio inexplorado, cada decisión que los oficiales toman puede suponer avanzar, perderse, vivir o morir. Además día tras día la supervivencia se hace más dificil: frio extremo, enemistades entre los marineros, hambre, enfermedad… el grotesco escorbuto aterra a la tripulación, y justo a él otros fantasmas como el canibalismo, el motín y sobre todo el Terror, hacen que la situación sea de desgaste constante.
La sensación de frío, de aislamiento, y de peligro de muerte real a cada segundo no abandonan en ni una sóla de las páginas, salvo hasta el extrañísimo final. Durante la lectura, seremos uno más de los ateridos marineros cuyas oportunidades de superviviencia cada día son más ínfimas. Afortunadamente, poco a poco dejamos de estar ateridos, pero sólo para estar enfermos o desesperados hasta la locura.
Destaca también la maestría con la que se da a cada miembro de la tripulación una personalidad, un peso en el libro, y se hace que cada uno de ellos sea cohrente, aunque al principio cuesta “ponerle cara” a tantos personajes; si bien dadas las limitaciones de espacio la mayoria resultan bastante planos, salvo unos pocos, especialmente Crozier que es el eje de la historia.
Me sobra durante toda la narración el componente de ficción (y para que yo diga eso…) ya que la historia es tan verosímil y tan sobria, que el factor fantástico me resulta metido a la fuerza. Es una especie de deus ex machina que le permite al autor hacer lo que le de la gana y no me ha convencido. El final es de un cambio de tono tan fuerte, que pese a encajar en algunos sentidos argumentales, no me ha gustado. Simmons me tiene acostumbrado. ¡Pero me gustan sus libros!
Lo peor para mí, es que me ha parecido que el autor no se ha aguantado las ganas de darle su toque fantasioso a una historia a la que no le hacía ninguna falta. Y el final.
Lo mejor para mí, la descripción general a lo largo de todo el libro acerca de lo duro que debió ser ser un explorador en aquel entonces. Crozier, Goodsir y Fitzjames son los personajes que más me han gustado.